Hasta alcanzar la meta marcada en el piso, ella nunca dejó de correr.
Sentía que cada vez que corría o daba un paso más, algo cambiaba, no sabía si para el bien de ella o de los demás que la rodeaban, pero con tan poco, se sentía satisfecha.
El suelo color verde la impregnaba en lo más profundo, el celeste del cielo la hipnotizaba por las tardes de primavera intentando encontrar formas en él ,con las nubes de trazos de paz.Junto a sus sueños ella permanecía quieta e inquieta, sufría en los momentos que se daba por aludido del pasado y recordaba lo bello.
Mientras el agua corría por el canal y el reflejo del sol molestaba en los ojos, lo transparente hacía notar el color vívido de las piedras en lo profundo, ella con sus pies fríos pisaba lo más oscurdo del canal , sintiendo el ardor del agua helada en las épocas de otoño.
Cuando llegaba el ocaso, ella miraba hacia el sol y apreciaba el sonido de gaviotas salpicando el mar, las manos tocaban la arena con una sensacion de néctar para la piel y la vida misma, se notaba el verano en sus ojos, en sus lagrimas , en sus pechos y en su vivir.
Cuando ya, las hojas del suelo desaparecian , y lo blanco se hacía dueño del minusculo sitio de ella, ese sentir del otoño , en el canal y aquellas epocas, ya era diminuto comparado al dolor que se vivía en ese momento, cuando perdió lo más preciado, EL VIVIR.
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