
Compensando aquellos tiempos en que la ironía de una felicidad eterna se desvanecía en millones de cristales cayendo hacia el eterno hueco de dolor, donde no había más que decir, simplemente seguir la ruta del desconsuelo donde las olas de un azul profundo te llevarían más allá de lo que pretendías mirar y analizar una y otra vez en vano.
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